Hoy, revolviendo entre viejas y polvorientas carpetas, encontré unas partituras de guitarra de las primeras que me compré para aprender a tocar.
Cuando tenía mas o menos la edad de 7 u 8 años, logré convencer a mi mamá para que me compre una guitarra que salía 70 pesos y que la había visto en la casa de música del pueblo. La guitarra no era una guitarra de las mejores, pero no estaba mal para alguien que deseaba aprender a hacer música con ella. Después de un par de horas (tiempo que me llevó convencerla), fuimos con mi madre y la compramos, junto con 2 libritos de introducción a la guitarra, que traían partituras de grupos que me gustaban mucho, como Sui Generis, REM, Guns And Roses, etc.
Hoy, despues de casi 15 años de ese día, encuentro estos libritos que me llenaron de emoción y melancolía, y me trajieron de nuevo, sensaciones, y experiencias increíbles. Por ejemplo es increíble que en todos estos años, mis gustos musicales no han cambiado en nada, sigo siendo el fanatico numero uno de Guns ‘N Roses y Sui Generis.
Ahora poseo 2 guitarras, una eléctrica squire con un ampli de 40 y una Acustica, con las cuales paso largas horas tocando los temas de siempre, o sacando nuevos, o escribiendo propios.
Todo esto, inebitablemente me hizo retroceder muchos años de mi vida, y me llevó a lugares que no tenía muy presente en mi conciencia. Me llevó a mi viejo pueblo, el lugar donde nací y al que suelo volver regularmente pero en caracter de visitante. Me llevó a mi casa natal, esa casa de barrio típica de argentina de los años 30 o 40, ya que cuando mis abuelos la compraron, la csa ya estaba ahi, obviamente hoy cuenta con muchas modificaciones y sigue siendo de mi familia. Recorrí de forma mental sus patios (tiene 3), donde jugaba solo o con amigos, el patio donde estaba la pileta pelopincho que mi abuelo me armaba todos los veranos. Mis escondites secretos, lugares donde me escapaba y escondía cuando quería estar solo. Uno era el techo del garage, que solo se podia llegar a el por un paredon alto al que habia que treparse a un arbol de manzanas para de ahí pasar al paredon de entre las ramas, y caminar por el paredon una distancia de mas o menos 30 metros con cuidado de no caerse, y al final trepar al techo del garage, algo que era medio peligroso por la altura que tenía. El otro acceso y el mas simple y el que mas usaba, era trepando a la parrilla de los asador y poner una mano en la chimenea y otra en una madera que sobresalía del techo de garage para impulsarse y luego llegar hasta el techo. Este escondite era especial, porque desde el techo se accedía facilmente al techo de la casa de al aldo, donde vivía martin, un amigo de la infancia, y su hermana belen. Muchas veces haciamos reuñiones nocturnas, cada uno en su techo, separados por una viga de unos 25 centimetros de ancho que la pasabamos caminando. Tambien era el lugar para guardar cosas secretas, como las bolitas ganadas en el día, revistas prohibidas, algún que otro cigarrillo, los cuales fumabamos sin tragarnos el humo, frascos con todo tipo de bichos, lombrices, hormigas, abejas, avispas, etc, bicho que se nos cruzaba lo enfrascábamos y jugabamos a venderlos.
Otro de mis escondites favoritos era una especie de pasillo de dimensiones mínimas que se habia formado en el espacio que quedaba entre la pared de mi casa y el paredon de la casa del otro lado, donde vivía silvina, otra amiga de la infancia. En este lugar no podia guardar nada, porque mi abuelo lo usaba para guardar herramientas para trabajar la tierra, como palas, rastrillos y asadas. Pero era un buen lugar para borrarse del mundo por un rato. Si necesitaba esconder algo realmente peligroso, como la botella de ácido muriatico que usaba para hacer bombas de olor, mezclado con cristales de pirita (larga un olor a huevo podrido que es capas de desalojar un lugar lleno de gente en pocos segundos, o los guantes de goma que me habia regalado mi dentista y que los usaba cuando le hacía cirugia a algún insecto que se me cruzara en el camino para luego mirarlo en el microscopio, lo hacía en un enorme árbol de laurel que era tan tupido que podias esconder cualquier cosa entre sus ramas que nadie lo vería jamaz.
Recordé tambien esos días que llegaba apurado de la escuela y al entrar a la casa mi abuela me tenía el chocolate caliente con pan con dulce y el televisor prendido en el canal que daban Caballeros del Zodiaco, serie que no me perdía un solo capítulo. Cuando terminaban los caballeros, generalmente me iba a la casa de Gonzalo y Marcelo, dos hermanos y mis mejores amigos, que vivian en la esquina de la cuadra de enfrente, a comentar del capítulo de cabelleros de hoy y despues a jugar a la sega genesis, especialmente al Mortal Kombat 2. Despues, en un momento determinado, generalmente en lo mejor de algun juego que estabamos jugando sonaba el telefono en casa de Gonza, era mi mamá para decirme que ya era tarde y habia que hacer la tarea de la escuela para el otro día. Asique con la cabeza gacha, pero contento de haber estado con mis amigos, volvía a casa con mi familia para cenar todos juntos y terminar otro día entre juegos y travesuras.
Recuerdos de esos días felices, me hicieron pensar mucho. Hoy tengo 21 años y vivo solo en una ciudad a unos 110 kilometros de mi pueblo, y extraño mucho. Extraño esos días maravillosos, la escuela primaria que me aguantó por 7 años, me vió reír, llorar, aprender, rabiar, y fundamentalmente me vió crecer. Extraño el antiguo tocadiscos de mi casa junto a mi colección de Long Plays de los Beatles, Guns And Roses, Sui Generis, el doble de The Wall de pink floyd que me costó un mes de rogativas a mi madre para que me lo comprara, si bien en esa época ya eran comunes los equipos de musica con Cds, a mi casa tardó algunos años en llegar. Mi familia era una familia himilde de clase trabajadora y yo un nene caprichoso que no entendía que cuando algo “no se podia comprar”, simplemente era porque el dinero que habia se usaba para cosas importantes como comprar comida, útiles para el colegio, ropa, y no porque mi madre era una ogra que disfrutaba viendome llorar. Hoy de grande me arrepiento mucho de esos momentos de caprichos, y me averguenzo de no haber tenido el grado necesario de entendimiento y tolerancia necesario, ya que siempre me consideré, ahora veo que erradamente, un niño inteligente.
Otras cosas que extraño son el proyector de diapositivas con el que pasaba horas jugando al cine encerrado en la biblioteca de la casa, los licuados de banana que me hacia mi abuela (y que todabia me hace, pero solo cuando voy de visita), despues de un día de pileta, el aro de basquet y la pelota con la que hacia torneo de volcadas con mis amigos imaginarios en el patiod e la casa, el pizarron y las tizas en mi habitacion con los que desarrollaba extrañas especies de ecuaciones matematicas que servirian para crear algo que no sabia lo que era pero que seguramente sería algo revolucionario, las frazadas y las sillas del patio que usaba para construir una carpa en donde jugaba al circo o a destilar agua con un sistema que habiamos inventado con mis amigos a base de una botella de coca cortada, algodon, piedras, y agua con barro que salia media limpia del proceso pero que aun asi ninguno nunca se animó a tomar, la iglesia del pueblo, a la que supe ir solo todos los sabados y los domingos durante un par de años. Iba solo porque si bien mi familia son catolicos, nunca fueron practicantes, entonces mi abuelo me llebaba en el auto y me iba a buscar a la salida, ademas yo estaba en el coro, despues empecé a comprender siertas cosas, y ví siertas otras y decidí alejarme de la iglesia, pero aun así la extraño. Tambien extraño las monedas de 25 o 50 centavos que me daban de el vuelto de algun mandado, y que si bien hoy tengo mi dinero, siento que esas monedas valian mucho mas. Extraño las historias que me contaba mi madre antes de dormir, las recuerdo todas y cada una, asi como tambien recuerdo las respuestas “cientificas” que me daba mi madre a las preguntas alocadas que yo hacia, como por ejemplo cuantos continentes y paises habia en urano, y si el ingles era el idioma internacional, como me decian en esos dias, si cuando vinieran los extraterrestres tambien nos comunicariamos en ingles.
En fin, este post es super offtopic, medio como que ando melancolico estos días. Pero bueno a modo de reflexion quero decir que es muy bueno dedicar un tiempo para nuestro niño interno en nuestra agitada vida de adultos, y nunca olvidar esas simples cosas que algún dia en algún tiempo nos hicieron felices. Saludos para todos.



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